ORTOREXIA | Mi pecado compartido

Ortorexia, Mi pecado compartido

PRÓLOGO

 

Nuestro Pecado Colectivo en la Búsqueda de la 

"Salud Perfecta"

 

El cuerpo humano es un templo. Esta verdad ancestral ha mutado, en nuestra era saturada de información y perfección inalcanzable, en una trampa letal. Entre el ruido de influencers, dietas relámpago y promesas de pureza alimentaria absoluta, Lerika Mejía no es solo un nombre: es un espejo. Un espejo donde se refleja, con crudeza desgarradora, la paradoja más perversa de nuestro tiempo: la búsqueda obsesiva de la salud que termina por destruirla. Su historia, la de una lucha feroz contra LA ORTOREXIA, es la punta del iceberg de un "pecado compartido con la humanidad": la idolatría de la comida "perfecta" como sustituto de la ciencia, el sentido común y la compasión hacia uno mismo.

 

Más allá de los protocolos sanitarios y los sellos internacionales, yace un territorio minado:el de nuestra confianza. ¿En quién depositamos el sagrado derecho a nutrirnos? Lerika lo hizo. Confió en voces que prometían pureza, control, redención a través del plato. Confió, como millones confían hoy, en espejismos de bienestar vendidos como ciencia infalible. LA ORTOREXIA – ese trastorno silencioso donde la virtud de "comer sano" se convierte en una prisión de reglas inflexibles, miedo patológico a la "contaminación" y aislamiento social – no surge en el vacío.Es hija de un ecosistema tóxico: de gurús sin escrúpulos que demonizan nutrientes esenciales, de algoritmos que premian el extremismo nutricional, de una cultura que glorifica el sacrificio alimentario como mérito moral.

 

El caso de Lerika es un grito ahogado en un coro de millones.Es la evidencia fisiológica del daño: la desnutrición encubierta bajo la máscara de lo "limpio", el sistema inmunológico quebrantado por carencias invisibles, la ansiedad que corroe las horas, la vida social amputada en el altar de lo "puro". Es el resultado trágico de entregar nuestra biología – ese milagro complejo de órganos, hormonas y reacciones bioquímicas – a manos que priorizan el dogma sobre la evidencia, la restricción sobre el equilibrio, el miedo sobre el conocimiento riguroso.LA ORTOREXIA es una traición: una promesa de salud que roba la vida.

 

Este libro no es solo la crónica de una caída; es una disección implacable de nuestro pecado colectivo. ¿Cómo permitimos que la nutrición, ciencia vital basada en la bioquímica y la fisiología humana, se redujera a batallas ideológicas y listas de alimentos "buenos" o "malos"? ¿Cómo normalizamos que el cuidado de la salud se transformara en una carrera obsesiva hacia la pureza inalcanzable, dejando a su paso un reguero de Lerikas? Compartimos la culpa cada vez que:

Priorizamos tendencias sobre estudios revisados por pares.

Seguimos ciegamente a figuras sin formación acreditada en nutrición o dietética.

Juzgamos el valor de una persona por lo que hay (o no hay) en su plato.

Callamos ante el bombardeo de desinformación que convierte la comida en enemiga.

 

Lerika Mejía paga un precio altísimo. Su historia es una llamada de atención urgente, escrita no solo con palabras, sino con las cicatrices de su metabolismo y su psique. Este prólogo es una advertencia y una invitación:Advertencia contra la entrega irreflexiva de nuestra salud alimentaria a cantos de sirena disfrazados de verdad. Invitación a reclamar el rigor, a exigir transparencia, a buscar profesionales con formación sólida (nutricionistas-dietistas colegiados, endocrinos) que entiendan que la verdadera salud nutricional es inclusiva, flexible, basada en evidencia y libre de terrorismo alimentario.

 

Al abrir estas páginas, no solo conocerás la batalla de Lerika.Te enfrentarás a la pregunta más incómoda: ¿En qué parte de este pecado colectivo – esta ortorexia social que idolatra la perfección y demoniza el equilibrio – estás participando tú? La redención empieza aquí. 

Con conocimiento. Con rigor. Con humanidad.

María Fernanda Mazo